Entrevista a Josep María Forcadell

Versión para imprimr

Como técnico de un espacio naturales protegido eminentemente forestal... ¿cuáles son a su juicio los principales problemas de conservación de los ecosistemas forestales en Parque Natural dels Ports?

Bajo mi punto de vista, el principal problema es el estado excesivamente alterado de estos ecosistemas por causas humanas, al que se suman la incertidumbre de los efectos del cambio climático a escala local, la amenaza de los grandes incendios forestales y la falta de un modelo de gestión que sirva para afrontar los retos del siglo XXI. Los ecosistemas forestales en el parque tienen un gran valor ambiental, pero han sido fuertemente alterados a lo largo de su historia, perdiendo algunos de los atributos ecológicos más determinantes, como los que tienen que ver con estados avanzados de madurez de los bosques (arboles muy viejos, rodales de bosque senescente, procesos de descomposición de la madera muerta, etcétera); y con la dinámica de la vegetación y estructura del paisaje en relación a dos motores de cambio: las poblaciones salvajes de grandes herbívoros y los incendios naturales de baja y media intensidad.

De los bosques maduros depende una parte importante de la biodiversidad escasa; de los grandes herbívoros salvajes depende el paisaje en mosaico dinámico y la diversidad asociada, lo mismo que del fuego de baja y media intensidad. Estos son aspectos intrínsecos, consustanciales de nuestros ecosistemas forestales. Sin ellos, se excluye del sistema gran parte de los procesos funcionales que durante centenares de miles de años han imperado, y para los cuales las especies han desarrollado parte de sus estrategias adaptativas

La ausencia de estos elementos conlleva una simplificación y homogeneización de los ecosistemas y los hace menos resistentes y resilientes ante los cambios y, por tanto, más vulnerables ante algunas amenazas.

El cambio climático es otro de los problemas que acecha estos ecosistemas, aunque sus efectos a escala local estén por determinar con exactitud. Debemos actuar para contribuir a la adaptación nuestros ecosistemas forestales a este fenómeno, sin perder de vista que lo más probable es que los paisajes dejen de ser tal y como los conocemos: el estrés hídrico, la proliferación de plagas forestales, etc., producirán cambios en la vegetación. En unos casos deberíamos ser capaces de atenuarlo (o al menos intentarlo) pero en otros deberemos aceptar el cambio, aunque nos parezca, a priori, inaceptable. Sabemos que cuanto más heterogéneos y diversos sean nuestros ecosistemas, más capacidad tendrán de adaptarse a los rápidos cambios producidos por las alteraciones del clima, y en ese sentido debemos actuar. También nosotros debemos estar preparados para ese cambio, y ser a la vez pragmáticos, conscientes que no podemos mantener de forma artificial todos los ecosistemas que nos rodean. Eso no significa que no debamos intervenir. Significa que debemos hacerlo, y cuanto antes mejor, pero sin perder de vista que el mejor aliado para afrontar los cambios son los propios mecanismos de la naturaleza, que debemos aprovechar para minimizar los efectos derivados del cambio climático.

Los grandes incendios forestales, esos en que se supera nuestra la capacidad de extinción y que queman con gran intensidad miles de hectáreas, son otro de los problemas pendientes de solucionar. La forma de afrontarlo es desde la prevención y la gestión activa de la vegetación, buscando una estructura del paisaje más naturalizada, en el sentido que comentaba más arriba. Además, el conocimiento que tenemos sobre el uso del fuego técnico (quemas prescritas, quemas controladas), nos ha de servir para gestionar mejor el mosaico de vegetación y avanzarnos para evitar los fuegos descontrolados.

Todos estos problemas nos llevan a la falta de un modelo de gestión que los contemple y afronte, lo que se ha convertido en un problema en sí mismo. La necesidad de un modelo de planificación y gestión integral es algo que urge. El modelo debe, la vez, cumplir con las exigencias y responsabilidades de protección, generar una economía basada en la conservación de la naturaleza, adaptar estos ecosistemas a los efectos del cambio climático y gestionar la vegetación para evitar los grandes incendios forestales.

¿Qué soluciones se pueden proponer desde la ciencia forestal, la selvicultura o la ingeniería de montes?

Lo que os decía: crear nuevos modelos de gestión. La gestión forestal ha dado respuesta a diferentes necesidades a lo largo de su historia, pero el reto que conlleva reinventarse para dar respuesta simultánea a las crecientes exigencias ambientales, a las legítimas aspiraciones de los propietarios de rentabilizar su patrimonio, a los efectos del cambio climático, y a la amenaza de los grandes incendios forestales, es una signatura pendiente. La ciencia forestal dispone del conocimiento suficiente para crear esos modelos, pero, por lo general, se sigue enfocando la gestión de los montes bajo una mirada principalmente de extracción de productos -por lo general madereros- cuando la tozuda realidad nos muestra día tras día que este tipo de planificación no responde a todas las necesidades de los propietarios –ni siquiera a las principales-, ni permite avanzar hacia modelos más adecuados a los retos ambientales, sociales y económicos de la época en que vivimos.

Los modelos actuales suelen atender bien los aspectos de producción maderera y derivados, y la creación de infraestructuras de apoyo a la extinción de incendios, considerando los aspectos de conservación tan solo como condicionantes, limitantes a la producción, sin darse cuenta que la economía que genera la protección de la naturaleza en estos montes mediterráneos es, con frecuencia, muy superior. Parece como si la selvicultura no tuviera ningún papel que jugar cuando se trata de mejorar el estado de conservación de los bosques, y producir la biodiversidad deseada. Del mismo modo que la selvicultura próxima a la naturaleza, es una buena herramienta para los bosques en que coexisten objetivos de producción de madera y conservación de la biodiversidad, estamos obligados a desarrollar una selvicultura de la conservación, con el objetivo de acompañar los bosque destinados a “producir naturaleza” a que cumplan su fin de la mejor maneta posible.

¿Qué papel juegan los propietarios forestales - públicos o privados-  en el mantenimiento del buen estado de conservación de los bosques de Ports?

Conviene distinguir entre unos y otros. En las propiedades públicas (de la Generalitat de Catalunya y de los ayuntamientos), que cuentan con montes extensos, se vienen realizando actuaciones de eliminación de especies arbóreas alóctonas -algunas de ellas invasoras- procedentes de repoblaciones del siglo pasado; y de recuperación de espacios abiertos. En estos casos, el órgano gestor del parque natural ha sido el promotor de estas actuaciones, el encargado  buscar los medios de financiación y de su ejecución. Otras actuaciones enfocadas al mantenimiento o recuperación del buen estado de conservación son algunas de las realizadas en el marco del proyecto LIFE Pinassa, como los acuerdos de custodia para garantizar la conservación de rodales de bosque maduro, las quemas controladas con el objetivo mantener la estructura de determinados rodales de pino salgareño, o el anillamiento de arboles para incrementar la incorporación progresiva de madera muerta. Estas actuaciones han contado siempre con el apoyo del órgano gestor del parque natural.

El caso de los propietarios privados es un poco distinto. Por un lado, la propiedad forestal privada está muy fragmentada en pequeñas fincas, lo que no contribuye a facilitar una gestión que permita garantizar el buen estado de conservación de los bosques a una escala adecuada. Por otro lado, el sustento económico de los propietarios (excepto unas pocas explotaciones ganaderas) no depende de la producción de sus fincas, siendo estas usadas como espacio de ocio y descanso. Muchos de los propietarios han vivido el cambio que supuso pasar de unas fincas con importantes aprovechamientos madereros, entre los años 50 y 70 del siglo pasado, a fincas que generan tan solo unas rentas mínimas procedentes, casi exclusivamente, del aprovechamiento cinegético o trufero. Que los propietarios privados se sientan participes del “mantenimiento o restablecimiento del buen estado de conservación de sus bosques” es una asignatura pendiente que tenemos los gestores del espacio protegido en la mayoría de los casos.

A pesar de este escenario, algunos propietarios privados, que disponen de fincas suficientemente grandes para permitir una gestión de hábitats coherente, han aprovechado el apoyo económico del Parque Natural para realizar actuaciones que combinan el mantenimiento del buen estado de conservación de sus hábitats forestales con otras necesidades productivas (mejora de zonas truferas, mejora de hábitats cinegéticos…) o de prevención de incendios. Esto nos demuestra que, más allá de los intereses productivos, existe también un interés por mantener y mejorar el valor ambiental de sus fincas.

Por último, ¿qué papel tiene Ports en el proyecto RedBosques, qué acciones se plantean y porqué?

El Departament de Territori i Sostenibilitat de la Generalitat de Catalunya, es socio beneficiario del proyecto LIFE, y el órgano gestor del Parque Natural la unidad administrativa encargada de ejecutar los compromisos tomados en este LIFE.
En el Parque Natural dels Ports es el territorio donde el LIFE RedBosques está llevando a cabo la aplicación de objetivos de conservación, mediante la redacción de planes piloto de gestión de hábitats forestales de interés comunitario y la ejecución de acciones demostrativas que derivan de esa planificación. Para ello se cuenta con la participación de tres propietarios privados que han puesto 860 hectáreas a disposición del proyecto. En estas tres fincas se ha redactado sendos planes de gestión, con la previsión de ejecutar algunas de las actuaciones planificadas a lo largo de este otoño (2018).

Las acciones escogidas, que suponen un total de 16 hectáreas, son de dos tipos. Por un lado, están aquellas intervenciones que van a recuperar (y ensanchar) espacios abiertos, con el objetivo de mantener hábitats herbáceos de interés comunitario que se desarrollan en las aberturas del bosque y favorecer la presencia de algunas especies protegidas de flora y fauna que requieren de esos hábitats.

Por otro lado, se ejecutarán unos tratamientos silvícolas con el objetivo de mejorar las condiciones de madurez de determinados rodales de bosque con objetivo exclusivo de conservación del hábitat, o que combinan la función productiva con la de conservación. Requiere una selección previa de los pies según el papel que se les otorga: árboles de futuro atendiendo a sus características tecnológicas, arboles de interés para la conservación, por razón de la especie a la que pertenecen (tejos, acebos, arces, etcétera), o por presentar unas características adecuadas para incorporarse al contingente de árboles muertos. La actuación consiste, según en cada caso, en la eliminación de competencia ejercida por árboles jóvenes o la liberación de competencia ejercida por árboles mayores que pueden tener un destino comercial, la cual se puede realizar mediante la eliminación o el anillado de los árboles que generan la competencia, con el propósito de generar madera muerta. Con estas actuaciones se favorece: la estructura y composición del propio hábitat; aquellas especies arbóreas que tienen interés para la conservación; y especies que dependen de los microhábitats como determinados invertebrados o quirópteros forestales.

Compartir publicación